Espacio y Futuro

Agua en la Luna: qué evidencias existen y qué falta demostrar

En la Luna no hay océanos ni lagos, pero varias misiones han encontrado señales de agua e hidroxilo en el suelo y hielo en regiones polares. La cuestión pendiente es cuánto existe, cómo se distribuye y si algún día podrá aprovecharse.

Agua en la Luna: qué evidencias existen y qué falta demostrar

Durante décadas, la Luna fue descrita como un mundo casi completamente seco. Las muestras traídas por las misiones Apolo parecían apoyar esa imagen. Sin embargo, instrumentos más sensibles y nuevas observaciones orbitales cambiaron el panorama: hoy sabemos que existe agua lunar en distintas formas y ambientes.

Esto no significa que haya ríos o depósitos de hielo puro fáciles de extraer. Parte de la señal corresponde a hidroxilo —una combinación de oxígeno e hidrógeno unida a minerales—, otra parte a moléculas de agua atrapadas en granos y vidrios del suelo, y otra a hielo concentrado en lugares extremadamente fríos. Cada evidencia responde a una pregunta distinta.

Una señal extendida de agua o hidroxilo

En 2009, el instrumento Moon Mineralogy Mapper (M³), desarrollado por la NASA y transportado por la misión india Chandrayaan-1, detectó una absorción infrarroja entre 2,8 y 3 micrómetros en amplias zonas de la superficie. Esa huella espectral es compatible con materiales que contienen agua (H₂O) o hidroxilo (OH).

La señal era más intensa en latitudes altas y en algunos cráteres recientes. El hallazgo mostró que la superficie lunar no era químicamente tan seca como se pensaba, pero esa banda no permitía separar con seguridad el agua molecular del hidroxilo. Por eso, hablar simplemente de “agua” puede ocultar una diferencia esencial.

Una explicación posible es que protones del viento solar reaccionen con el oxígeno presente en los minerales lunares. Los impactos de micrometeoritos y la migración de moléculas por la tenue exosfera lunar también podrían intervenir. Los datos indican un sistema dinámico, aunque su funcionamiento exacto sigue bajo estudio.

Hielo expuesto en los polos

En 2018, un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences analizó datos de M³ y encontró la firma espectral del hielo de agua en regiones polares. Las detecciones aparecieron en zonas muy frías y permanentemente sombreadas, donde la luz solar directa no llega y el hielo puede permanecer durante largos periodos.

El hielo observado no formaba una capa continua. Estaba distribuido de manera irregular y se detectó únicamente en una pequeña fracción de las áreas en sombra examinadas. En el polo sur aparecía más concentrado en ciertos cráteres; en el norte, la distribución era más dispersa.

Estas regiones reciben el nombre de trampas frías. Debido a la escasa inclinación del eje lunar, algunas depresiones cercanas a los polos permanecen en sombra permanente. Sus temperaturas pueden ser suficientemente bajas para retener agua y otros compuestos volátiles durante escalas geológicas.

Lo que encontró el impacto de LCROSS

Otra evidencia llegó mediante un experimento directo. El 9 de octubre de 2009, la etapa Centaur de la misión LCROSS impactó deliberadamente el cráter Cabeus, cerca del polo sur. Una nave que viajaba detrás analizó la nube de polvo y vapor levantada por el choque antes de impactar también contra la superficie.

Los espectrómetros detectaron vapor de agua, hielo y productos relacionados, además de otros compuestos volátiles. El equipo estimó que el material excavado y observado en ese punto contenía un 5,6 ± 2,9 % de hielo de agua en masa.

El dato es importante, pero describe un sitio concreto dentro de Cabeus. No puede extrapolarse a todos los cráteres ni a toda la Luna. La distribución puede variar mucho incluso entre terrenos cercanos.

Agua molecular bajo la luz del Sol

En 2020, el observatorio aerotransportado SOFIA buscó una firma infrarroja situada alrededor de 6 micrómetros. A diferencia de la señal de 3 micrómetros, esta característica permite identificar agua molecular y distinguirla del hidroxilo.

Las observaciones detectaron H₂O en una región iluminada cercana al cráter Clavius, en latitudes altas del hemisferio sur. La abundancia estimada fue de unas 100 a 400 partes por millón en el material observado. Es una concentración pequeña: equivale aproximadamente a entre 0,1 y 0,4 gramos de agua por kilogramo de suelo.

El agua podría sobrevivir protegida dentro de vidrios producidos por impactos o en espacios entre granos que la resguardan parcialmente del ambiente. El propio estudio advirtió que la distribución dependía de la geología local y que no debía asumirse como un fenómeno uniforme en toda la Luna.

Por qué importa para la exploración

El agua lunar puede ayudar a reconstruir la historia de impactos, del viento solar y del transporte de volátiles en el sistema solar. Además, si algunos depósitos fueran suficientemente concentrados y accesibles, podrían servir como recurso para futuras misiones.

El agua puede consumirse tras ser extraída y purificada. También puede separarse mediante electrólisis en oxígeno e hidrógeno, dos elementos útiles para sostener tripulaciones y producir propelente. Usar recursos locales reduciría parte de la masa que tendría que lanzarse desde la Tierra.

Ese beneficio sigue siendo una posibilidad tecnológica, no una capacidad operativa demostrada a gran escala. Trabajar en cráteres polares implica oscuridad, temperaturas extremas, terreno accidentado, polvo abrasivo y dificultades para disponer de energía y comunicaciones. Extraer hielo mezclado con regolito también exige excavar, calentar, capturar el vapor, purificarlo y almacenarlo sin perderlo.

Qué falta demostrar

Las observaciones orbitales ofrecen mapas valiosos, pero no resuelven todas las preguntas. Para evaluar el agua como recurso hacen falta mediciones detalladas sobre el terreno y a diferentes profundidades.

  • dónde se encuentran los depósitos con suficiente precisión;
  • qué concentración tienen y cuánto cambian de un lugar a otro;
  • si el agua aparece como hielo, moléculas atrapadas o compuestos unidos a minerales;
  • a qué profundidad está y cuánta energía requiere extraerla;
  • cómo evitar contaminar muestras que conservan información científica;
  • y si el proceso completo puede funcionar de forma segura y sostenible.

La evidencia disponible permite afirmar que la Luna contiene agua en varias formas. Todavía no permite hablar de reservas homogéneas ni de una fuente lista para abastecer bases humanas. El siguiente salto no consiste solamente en detectar más señales desde la órbita, sino en medir el material directamente, comprender su distribución y probar métodos de extracción en condiciones lunares reales.

Fuentes principales

  1. Pieters et al. (2009), Science.
  2. Colaprete et al. (2010), Science.
  3. Li et al. (2018), PNAS.
  4. Honniball et al. (2021), Nature Astronomy.
  5. NASA Science: VIPER Science and Exploration.

Nota visual: las imágenes de esta publicación son ilustraciones generadas con inteligencia artificial para apoyar la explicación. No son fotografías de hielo lunar ni registros de las misiones citadas.

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