Biohormigón vivo: la ciencia real detrás del material que podría capturar CO₂ y transformar la construcción

13 Dec 2025 — Equipo Ciencia360

Biohormigón vivo: la ciencia real detrás del material que podría capturar CO₂ y transformar la construcción

Introducción

En los últimos días se ha hecho viral en redes sociales la afirmación de que Alemania creó un biohormigón vivo, fabricado con cianobacterias, capaz de reemplazar el cemento tradicional y capturar grandes cantidades de CO₂. Aunque el mensaje suena impactante, mezcla información real con exageraciones y errores geográficos.

Lo cierto es que sí existen investigaciones avanzadas sobre materiales de construcción vivos, capaces de capturar carbono, autorrepararse y reducir la huella ambiental. Sin embargo, estos desarrollos no provienen exclusivamente de Alemania, ni están listos para sustituir el hormigón convencional en obras reales. En este artículo repasamos la ciencia real detrás del biohormigón vivo y su potencial para la construcción del futuro.

Qué es el biohormigón vivo

El biohormigón vivo es un material de construcción que incorpora microorganismos activos, como bacterias calcificadoras o cianobacterias fotosintéticas, en una matriz de áridos y otros componentes. La idea es aprovechar la capacidad de estos microorganismos para:

  • fijar CO₂ del ambiente mediante procesos biológicos,
  • precipitar minerales como el carbonato de calcio y ayudar a solidificar el material,
  • autorreparar grietas formando nuevos depósitos minerales,
  • reducir la cantidad de cemento Portland necesaria y, con ello, las emisiones asociadas.

El concepto se sitúa en la intersección entre biotecnología, ingeniería de materiales y arquitectura sostenible, y hoy sigue en fase experimental.

El bioconcreto vivo de la Universidad de Colorado Boulder

El avance más conocido en este campo proviene de la University of Colorado Boulder, en Estados Unidos. Investigadores de este centro desarrollaron un material vivo a partir de arena, gelatina y cianobacterias del género Synechococcus. Estas microalgas realizan fotosíntesis dentro del material y, durante el proceso, capturan CO₂ y forman minerales que ayudan a consolidar la estructura.

En su estudio, publicado en la revista Nature Communications, los autores demostraron que el bioconcreto podía crecer y regenerarse varias veces a partir de fragmentos del material original, siempre que se mantuvieran condiciones adecuadas de luz y humedad. Además, midieron propiedades mecánicas suficientes para usos estructurales ligeros, aunque todavía lejos de la resistencia del hormigón convencional.

Investigación europea: bacterias y concretos autoreparables

Europa también contribuye al desarrollo de materiales de construcción basados en microorganismos, aunque de forma distinta a lo que sugieren muchas publicaciones virales. En Francia, equipos de la Universidad de Lorraine y el instituto EEIGM estudian la biocementación mediante bacterias como Bacillus pasteurii, capaces de precipitar carbonato de calcio y reforzar suelos o estructuras porosas.

En el Reino Unido, investigadores de la University of Bath han trabajado en concreto autoreparable que incorpora esporas bacterianas en microcápsulas. Cuando se forma una grieta y entra agua, las esporas despiertan, metabolizan nutrientes y precipitan minerales que rellenan la fisura. Este enfoque no convierte al material en un organismo vivo a gran escala, pero sí le confiere una forma de autoreparación biológica.

Cómo puede el biohormigón capturar CO₂

Una de las motivaciones principales del biohormigón es reducir la enorme huella de carbono de la industria del cemento, responsable de alrededor del 7 al 8 por ciento de las emisiones globales de CO₂. En los materiales vivos, este objetivo se aborda de dos maneras complementarias:

  • Cianobacterias fotosintéticas: capturan CO₂ mientras realizan fotosíntesis, utilizando el carbono para generar biomasa y minerales que contribuyen a la cohesión del material.
  • Bacterias calcificadoras: aunque no siempre capturan CO₂ directamente de la atmósfera, pueden transformar compuestos disueltos en carbonato de calcio, lo que ayuda a fijar carbono en forma mineral y a reforzar la estructura.

El resultado es un material con menor huella de carbono incorporada y, en algunos casos, con capacidad de secuestro adicional de CO₂ durante su ciclo de vida.

Limitaciones actuales: por qué aún no reemplaza al hormigón tradicional

A pesar de su potencial, el biohormigón vivo todavía presenta limitaciones importantes. Entre ellas destacan:

  • Resistencia mecánica: los prototipos actuales no alcanzan la resistencia y durabilidad del hormigón Portland para grandes estructuras.
  • Condiciones ambientales: muchos materiales vivos necesitan luz, humedad y temperaturas moderadas para que los microorganismos se mantengan activos, algo que no siempre ocurre en edificios reales.
  • Escalado industrial: producir grandes volúmenes de material biológico de forma fiable y económica sigue siendo un reto.
  • Normativas y seguridad: la incorporación de organismos vivos en materiales de construcción plantea preguntas regulatorias y de aceptación social.

Por estas razones, el biohormigón se utiliza hoy en contextos experimentales y demostrativos, pero todavía no ha reemplazado al hormigón convencional en la construcción masiva.

Más allá del titular: qué hay de cierto en la noticia viral

La afirmación de que Alemania ha creado un biohormigón que reemplaza el cemento y captura CO₂ simplifica en exceso la realidad. Si bien existen proyectos europeos centrados en materiales vivos y en concreto autoreparable, los avances más mediáticos en cianobacterias y bioconcreto provienen de Estados Unidos, y en ningún caso se trata de un sustituto total del cemento listo para el mercado.

Sin embargo, la esencia del mensaje sí refleja una tendencia real: la investigación en materiales vivos para construcción está creciendo y se perfila como una vía prometedora para reducir el impacto climático del sector.

El potencial del biohormigón para las ciudades sostenibles

Si las investigaciones logran mejorar la resistencia, estabilidad y escalabilidad del biohormigón, podríamos ver en el futuro edificaciones capaces de:

  • capturar parte de sus propias emisiones de CO₂ durante el proceso de fabricación,
  • autorreparar grietas, extendiendo su vida útil,
  • reducir la cantidad de cemento necesario y, con ello, las emisiones asociadas,
  • incorporar propiedades adicionales, como aislamiento térmico o regulación de humedad.

En ese escenario, el biohormigón vivo se convertiría en una herramienta clave de las ciudades sostenibles del siglo XXI, complementando otras estrategias como la eficiencia energética y el uso de energías renovables.

Conclusión

El biohormigón vivo no es un producto milagroso ni un invento exclusivo de un país, pero sí representa una de las líneas de investigación más interesantes en la lucha contra el cambio climático desde el sector de la construcción. Integrar microorganismos en materiales de construcción podría permitir capturar CO₂, autoreparar estructuras y reducir la dependencia del cemento convencional.

Aún faltan años de desarrollo, pruebas y adaptación normativa para que este tipo de materiales llegue a la obra cotidiana. Mientras tanto, conviene mirar más allá de los titulares virales y seguir de cerca la ciencia real que se está gestando en laboratorios de todo el mundo.

Fuentes y referencias

  1. Building materials come alive with help from bacteria – University of Colorado Boulder
  2. Environmentally friendly living concrete capable of self-healing – Science Focus
  3. Desarrollan un nuevo material 3D que captura CO₂ con cianobacterias – 3Dnatives
  4. Material 3D vivo que captura CO₂ con cianobacterias – Miguel Design Hub

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